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Un fin de semana en Lisboa con niños

24/05/2017

Ya sabéis que en nuestra familia no somos muy caseros y que en cuanto podemos hacemos algún viaje o escapada. Así que como en Madrid mayo está lleno de puentes y acueductos, los hemos aprovechado para conocer con los peques algunos destinos más o menos cercanos.

Porque eso sí, a nosotros nos gusta viajar en familia. Aunque suponga un esfuerzo extra y sea mucho más agotador, me encanta disfrutar de las ciudades o paisajes con ellos y ver los destinos a través de sus ojos.

Así que hace dos semanas aprovechamos el puente de San Isidro para pasar un fin de semana en Lisboa. Yo ya había estado hace años con mi familia, en un viaje que hacíamos con mis padres, mis tíos y mi hermano todas las Semanas Santas, pero sólo me acordaba de los famosos mosaicos y de las baldosas azules que adornaban muchas de las fachadas. Por tanto era una oportunidad perfecta para ir a un lugar a una capital europea cercana, barata y con encanto. Porque Portugal, con su mezcla de nostalgia, mosaico y arquitectura contemporánea, engancha.

¡Y si no que se lo digan a los cientos de turistas que recorren su capital a diario por sus cuestas y calles empedradas!

Sólo teníamos tres días que tuvimos que dividir entre Cascais y Lisboa, por lo que dedicamos día y medio para cada ciudad. Hoy os quiero contar qué es lo que hicimos en la capital, y dejaré el destino costero y señorial para otro día.

Y para poder aprovechar a tope esas 36 horas nos alojamos en el centro de la ciudad, en los apartamentos Martinhal Chiado, en pleno corazón de Lisboa. Unos apartamentos con todo lujo de detalles y servicios destinados a familias que viajan con niños, y del que os hablaré la semana que viene, porque bien merecen un post aparte.

Además tuvimos la suerte de coincidir con la familia de Clara B Martín, que son muy amigos nuestros, y los peques se lo pasaron en grande corriendo por las calles adoquinadas y bailando al son de la música callejera. ¡No pararon! Y para muestra las fotos del final del post. 🙂

Así que si queréis hacer como yo y conocer la ciudad en poco tiempo pero intensamente, os dejo con mi selección de 5 planes para hacer en Lisboa con niños.

 

-Callejear y perderse por la Alfama

La Alfama es el barrio más antiguo de Lisboa y a la vez uno de los más auténticos. Es cuna del fado y su nombre proviene del árabe, que significa “baños o fuentes”. Aunque además de musulmanes también pasaron romanos y judíos cuya cultura ha quedado patente en cada rincón del barrio.

Sus callejuelas empinadas, estrechas y empedradas lo convierten en un pintoresco barrio en el que todos sus vecinos se conocen, como si se tratase de un pequeño pueblo. Llama la atención la colada tendida en sus fachadas blancas, que compite con los bonitos adornos de mosaicos y azulejos o con los bares y restaurantes tradicionales que inundan la zona.

He de reconocer que con niños pequeños se puede hacer un poco pesado subir estas cuestas, sobre todo si van en carrito, pero la estampa merece mucho la pena. Nosotros aprovechamos para poner a prueba nuestro Bugaboo Bee 5, que se caracteriza por ser el coche urbano por excelencia. ¡Y vaya si aprobó el test! Si nos seguís por Instagram podríais ver cómo no sólo era capaz de llevar a un pasajero sino que incluso podía con dos y con tres.

La mejora de la amortiguación de las ruedas, la silla reclinable y la infinidad de accesorios que puedes personalizar, lo convierten en el coche perfecto para familias todoterreno que no saben parar quietas y quieren disfrutar la ciudad.

Para disfrutar de este barrio lo mejor es dejarse perder y callejear sin rumbo, para acabar visitando el Castillo de San Jorge, la Catedral de Lisboa o la Casa dos Bicos, sede de la fundación José Saramago.

 

-Probar un rico plato tradicional

El bacalao es el alimento estrella de la cocina portuguesa y por ello no te puedes ir de la capital sin probarlo.   Se cocina en una gran variedad de platos: a la plancha, en salsa, en croquetas o incluso en cremas.

Pero hay muchos más platos típicos y, al tratarse de un país costero, los pescados y mariscos abundan en todos los restaurantes: cataplana de mariscos, arroz con pulpo, calderetas o sardinas. De hecho, podréis encontrar multitud de tiendas especializadas en con latas de sardinas en conserva con una presentación vintage realmente espectaculares.

¿Y qué hay de los dulces? Pues para los golosos tenemos los famosos “pastéis de nata” o de Belém, elaborados desde 1837 y que podremos adquirirlos en pequeñas cajitas como si fueran auténticas joyas de canela y nata, tanto en el barrio de Belém como en pastelerías del resto de la ciudad.

Nosotros también quisimos probar algunos de estos platos tradicionales y llegamos por casualidad a un restaurante en la Alfama llamado Maria Catita, muy bien posicionado en TripAdvisor y que no nos defraudó. Un local pintoresco repleto de gente local en su descanso laboral, con cocina casera y con platos ricos y contundentes. Nos dejamos aconsejar por sus especialidades de pulpo y bacalao, nos prestaron papel y pinturas para los peques y salimos todos muy satisfechos.

 

-Montarse en Tranvía

Si hay algo que caracteriza a la capital de Portugal son sus famosos tranvías. Y si hay algo que guste a los peques (o al menos a los míos) son los medios de transporte. Por lo tanto la combinación perfecta para recorrer una ciudad, no cansarse y que los niños vayan felices es subirse a uno de los antiguos tranvías que atraviesan Lisboa.

Concretamente el tranvía 28 recorre los puntos más importantes y conocidos de la ciudad, siendo uno más de la ruta ordinaria. Es decir, pagando un billete normal puedes hacer prácticamente el mismo recorrido que un tranvía turístico. Eso sí, a cambio hay que armarse de paciencia y hacer una larga cola hasta que consigues entrar es su minúsculo vagón.

Nuestra logística en este caso era más complicada, porque con el carrito veíamos imposible lograr entrar dentro (incluso plegándolo), así que sustituimos el número 28 por otro menos transitado pero con más espacio para que pudiéramos ir cómodamente toda la familia. Martín lo disfrutó de igual modo y ¡no paró de mirar por la ventanilla todo el trayecto!

 

-Ver Lisboa desde las alturas

Una ciudad llena de colinas hace que tenga unas espectaculares vistas desde todas ellas. Así que Lisboa también se caracteriza por tener preciosos miradores para descubrir la ciudad desde las alturas.

No hay recompensa mejor que hacer un descanso y tomar algo después de haber puesto a prueba las piernas para llegar a esos rincones.

Algunos de los más conocidos son: el Mirador de San Pedro de Alcántara (en el barrio Alto y al que se accede desde el elevador Da Gloria), el Mirador de Santa Lucía (junto a la iglesia que lleva su nombre en la Alfama), el de Gracia (muy cerca del Castillo de San Jorge) o el de Santa Catalina, uno de los que más encanto tienen, con vistas sobre el estuario del Tajo y al que se accede desde el elevador Da Bica.

Dicho esto, la otra experiencia que no nos podemos perder en Lisboa, además de montar en tranvía, es subirse a uno de los elevadores de la ciudad.

Uno de los más famosos es el Elevador de Santa Justa, conocido en su origen como el Elevador do Carmo, y que conecta la Baixa con el barrio de Chiado. De estilo neogótico y con una estructura de hierro que recuerda a las construcciones francesas como la Torre Eiffel, posee dos ascensores de madera que suben a los viajeros hasta la terraza superior con sus impresionantes vistas sobre el río, la Plaza de Rossio o la Plaza del Comercio.

Después de esto, ¿alguien por aquí que sufra de vértigo o miedo a las alturas? 😉

 

-Paseo por el Tajo

Pero no todo en Lisboa es ajetreo y calle empinadas. Hay otros barrios en los que también se respira cultura además de un poquito más de brisa y calma. Y prueba de ellos es el barrio de Belém, la otra gran zona monumental de visita obligada, al oeste de la ciudad, y frente al Río Tajo.

Para llegar allí sólo tenemos que coger el tranvía 15 que nos dejará en la Torre de Belém, uno de los monumentos más importantes de la ciudad y que servía como defensa en el siglo XVI. Junto a ella se encuentra el Monasterio de los Jerónimos, declarado Patrimonio de la Humanidad y joya del estilo gótico manuelino. Y sin olvidarnos del Monumento a los Descubrimientos, otro de los monumentos famosos de la zona, que data de mediados del siglo XX y que se construyó como homenaje a los descubridores y navegantes portugueses.

A partir de ahí, recorrer sin prisa la ribera del Tajo es una pura delicia, con el paseo paralelo al río y sin perder de vista el puente 25 de abril, estampa de infinidad de fotos de Lisboa.

Gente corriendo, familias enteras en bicicleta y jóvenes descansando y disfrutando de las vistas y de un espectacular día de primavera. Nosotros también aprovechamos nuestras últimas horas allí antes de coger el vuelo de vuelta.

Pero no nos quisimos ir de la zona sin visitar el MAAT. Como arquitecta, y aunque ya no es tan fácil como cuando lo hacía de soltera, siempre me gusta incluir en mis viajes las visitas a edificios de arquitectura contemporánea. El Museo de Arquitectura, Arte y Tecnología es un edificio blanco con forma marina diseñado en 2009 por la arquitecta británica Amanda Levete y por el que se puede pasear tanto por su parte inferior como por su cubierta, disfrutando una vez más de las vistas del Tajo desde las alturas, sin necesidad de entrar.

 

Os dejo con el resto de fotos y os invito a descubrir conmigo una ciudad decadente y cosmopolita a partes iguales.

Y la semana que viene os contaré más cosas sobre nuestro alojamiento en los hoteles Martinhal y de un fin de semana en Cascais.

¡Gracias por la visita y espero que os guste!

 

¡Espero que os guste! ¡Gracias por la visita!

4 pensamientos en “Un fin de semana en Lisboa con niños

  1. Clara

    Que bonitas las fotos Moni!! Y que bonito fue el reencuentro de estos dos!. Feliz de seguir descubriendo rincones con vosotros!
    Un beso!

    Responder

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